8M – La Terapia Manual no es sólo para hombres – Yes We Can!

 

Este año, aprovechando el Día Internacional de la Mujer #8M, no quería desaprovechar la oportunidad de darle las gracias a alguien muy especial para mí. Mi primera maestra de osteopatía y hoy socia y amiga, Clara Nebot.

Al empezar en la universidad, hace ahora ya 20 años, ya pude ver rápidamente como la mayoría de los profesores que eran médicos eran hombres, los que nos explicaban terapia manual eran hombres y la pediatría mujeres. Es como si una mano invisible ya nos fuera marcando de inicio el camino hacia que especialidad debíamos dirigirnos…

Sin embargo mi sueño siempre había sido “arreglar las cosas” con las manos, tocar algo y que después funcione mejor. Recuerdo como de pequeña me encantaba trastear con mi abuelo y su caja de herramientas y no perdía la oportunidad de ayudarle con el destornillador…

Mi primer contacto con la osteopatía

Fue amor a primera vista, la terapia manual distaba mucho de las aburridas prácticas de colocar ultrasonidos y corrientes eléctricas a los pacientes así que decidí que si o sí estudiaría osteopatía ( cuando me la pudiera pagar).

Cuando por fin empecé el máster de osteopatía ya estaba harta de ver a profesores que me sacaban medio metro y dos espaldas manejar pacientes, cuando les preguntaba cómo hacer para poder movilizar mejor al paciente sin cansarme tanto o hacerme daño, me miraban con condescendencia y se sonreían mirando mi tamaño de arriba abajo. Los que me conocéis sabéis que no soy de gran tamaño. Mis 159 cm y mis 54 kg enfundados en una casaca de colorines no imponen mucho respeto a primera vista.

Incluso recuerdo a un señor francés tan grande como antipático que me llegó a decir que la osteopatía era para hombres que había que ser grande y fuerte para poder manipular.  Poco a poco empecé a ver como los chicos se interesaban por un trabajo más articular y más de estructura y a muchas chicas, con las mismas dificultades que yo, les iba interesando más hacer otro tipo de técnicas más suaves, que pueden funcionar muy bien para algunas cosas, pero que yo tenía claro que si me decía a usar una técnica u otra no iba a ser porque una se me diera bien y la otra no, tenía que conseguir dominarlas todas bien fuera como fuera. Nadie me iba a decir que la terapia manual era sólo para hombres.

Y entonces allí estaba ella Clara Nebot

Recuerdo que cuando empecé el máster de osteopatía ella era la única mujer dando clase.  Me sorprendió ver lo menuda que era y la facilidad con la que manipulaba y pensé si ella puede, yo también. La lástima es que para desgracia de muchos y muchas ella sólo daba clase en primero. Así que cuando en segundo me tope con aprender a manipular columna lumbar y pelvis llegó el infierno, aquello no me salía ni a la de tres. Cada vez que preguntaba venía un señor grande y ejecutaba la técnica de una manera que obviamente por mis dimensiones yo no podía, contando además que las camillas eran fijas y no podíamos bajar la altura. A base de mucha práctica y muchas fatigas algo empezaba a salir, pero lo cierto es que seguía teniendo muchas dificultades con pacientes grandes y a menudo tenía que pedir ayuda a algún compañero en el trabajo para que me ayudase con alguna técnica que no me salía, esta situación me daba mucha rabia porque me hacía sentir mala profesional.

Al final después de haber terminado el master encontré un curso de manipulaciones a cuyo profesor también tengo que darle las gracias, Pierre Therbault. Era una suerte de Mr. Magoo. No debía medir más que algunos pocos centímetros más que yo, pero sabía como usar el peso de su cuerpo, sus manos eran igual de pequeñas que las mías, pero terriblemente rápidas y sabía como hacer palanca para optimizar su fuerza y su velocidad. Su manera de manipular se adaptaba mucho a mi físico así que en sólo un fin de semana empecé a manipular lumbares y pelvis como si fueran churros. Y pensé: no es que sea difícil, es que no me han sabido enseñar bien. Así que gracias a ti también Pierre.

También le tengo que agradecer a Clara otra cosa muy importante, y es que ella fue la primera persona que me dijo que la regla no tenía que doler, cosa que me dejó “ojiplática” pues desde mi primera menstruación el ibuprofeno me había acompañado fielmente una vez al mes. Ningún ginecólogo ni nadie antes me había dicho que no es normal que la regla duela y es algo que le repito a todas las mujeres que conozco porque muchas aún no lo saben. Clara me ayudó a sentirme mejor en cuerpo.

Así que sólo quiero decir que a las niñas y las jóvenes lo que les faltan son referentes, lo que no se nombra y lo que no se ve no existe. Y digo esto con un sabor amargo porque justo hoy que vengo de dar clase en un curso de pediatría todo eran mujeres, y he recordado que a última vez que asistí a un curso de manipulaciones vertebrales avanzadas hace menos de un año, todo eran hombres y yo era la única mujer.

Faltan más Claras Nebot copando las aulas para que las fisioterapeutas jóvenes veamos que podemos elegir lo que nos guste y que no debemos estar limitadas al elegir nuestra especialidad por el hecho de ser mujeres.

Así que de nuevo GRACIAS Clara.

Autores

Almudena Gil - Osteópata y FisioterapeutaOsteópata y Fisioterapeuta

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