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Puede que muchos corredores hayamos sufrido alguna vez un dolor intenso en la parte anterior de la tibia. Una sensación de moratón que a medida que va aumentando el entreno va siendo más dolorosa y abarca una superficie cada vez mayor, siempre por el borde de la tibia. ¿Qué es este dolor? ¿A qué se debe? ¿Qué podemos hacer?

La periostitis tibial es la inflamación del periostio de la tibia, una membrana pegada al hueso que le sirve de protección, entre otras propiedades. Debido a su alta irrigación sanguínea y su gran cantidad de receptores nerviosos es una membrana muy sensible, muy irritable y muy dolorosa.

Esta inflamación tiene un causante, el músculo tibial posterior, que irrita el periostio por un mecanismo de fricción continua.

tibial posterio periostitis tibial

Si observamos el recorrido del tibial posterior veremos que se origina en la parte posterior de la tibia y del peroné, muy cerca de la rodilla, y desciende en contacto directo con la tibia hasta llegar a la planta del pie (escafoides, II cuña y base de los metatarsianos) pasando por la parte interna del tobillo. Y este recorrido tiene una función muy importante, sujetar el arco del pie (el puente) y mantenerlo elevado a cada paso. Vendría a ser algo así como un amortiguador del pie.

Hasta aquí todo funciona de acuerdo con la biomecánica del cuerpo, entonces ¿dónde está el problema? ¿por qué nos duele al correr? El problema está cuando le pedimos al tibial posterior que mantenga elevado durante mucho tiempo y/o en malas condiciones el arco del pie. Este sobreesfuerzo para mantener la amortiguación estable a cada paso que hacemos al correr genera la irritación. A causa del contacto directo que existe entre músculo y periostio, hay una fricción excesiva que el periostio es incapaz de soportar y acaba con la inflamación, y a más quilómetros rozando, más irritación y más dolor.

Las causas más frecuentes de la periostitis tibial pueden venir por un aumento brusco de quilómetros, sobretodo por asfalto que es más duro y amortigua menos el impacto, una adaptación no progresiva en el caso de nuevos corredores, un desgaste de las zapatillao el uso de unas zapatillas no adecuadas, y cambios en la morfología del cuerpo del corredor, desde los huesos de los pies, rodillas, caderas, incluso del sacro y la columna.

La primera medida de actuación será parar de correr, interrumpir los entrenos y aplicar hielo para disminuir la periostitis. En segundo lugar, revisar el motivo teniendo en cuenta las causas posibles, y luego acudir a un profesional como un fisioterapeuta o un osteópata para valorar el origen biomecánico del problema, eliminar la inflamación del periostio, reducir la sobrecarga del tibial posterior y los músculos sinérgicos, así como todas las compensaciones que hayan aparecido, y pautar una rutina de readaptación al ejercicio.

Hay que tener en cuenta que una periostitis tibial mal curada o incluso no tratada (ignorada) puede llevar a problemas severos incluso a la fractura por estrés de la tibia.

Ilustración de www.laradibuixa.blogspot.com

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