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Muchas veces me explicáis en la consulta no sólo lo relacionado con vuestro dolor físico, sino aspectos de vuestra vida, trabajo, emociones… En definitiva, que yo intento abordar vuestra situación de manera global y lo más ampliamente posible, para ayudaros teniendo en cuenta los máximos aspectos.

Todo esto lo digo porque, a veces, es difícil dejar al margen mi opinión sobre muchos de los aspectos que me planteáis. Yo no soy nadie para juzgar como gestionáis vuestra vida personal, vuestro trabajo… Aunque muy a menudo me pedís mi opinión. De hecho, a veces, me he mordido la lengua, porque hay situaciones muy difíciles en las que no he osado opinar. Pero debéis saber que cada día veo a personas que seguramente, si cambiaran algunos aspectos de su vida, como el trabajo, la pareja, ciertas situaciones complejas y duras… Seguramente no les haría daño nada. Es esto lo que he pensado en muchas ocasiones. Y a veces es tan bestia pensarlo que no lo puedo decir.

Hace muchos años conocí a una chica a la que veía muy a menudo en la consulta porque estaba fatal, y siempre hablábamos de sus circunstancias. Un día me atreví a aconsejarla sobre lo que yo haría con su vida, aunque debéis saber que después me supo mal hablar sobre estos temas. Pero quizá mi opinión le dio fuerzas para coger empuje y vencer el miedo que la paralizaba. Estuvo muchos meses sin venir a verme. Al cabo de un buen tiempo, vino a explicarme como de bien le iba todo: que era feliz, que había cambiado de trabajo, de marido y de todo! Y que si no había venido antes era porque estaba muy bien y sólo venía ahora para contármelo.

Yo ya he aprendido que somos más que un "dolor". Somos personas que sentimos y vivimos en un mundo lleno de circunstancias a veces muy difíciles, y cuando veo estas transformaciones, me emociono. Porque todo el mundo debería tener momentos de lucidez, de valentía, de serenidad y de paz, para escoger lo que se quiere realmente en la vida, para entender el sentido de todo y así, haciendo este acto, seguro que todo llega sin esfuerzo, es la manera.

Y todo esto lo escribo porque hace poco visité a un chico que me hizo pensar en lo que estoy diciendo. Lo conocí hace unos meses: una lesión importante en la espalda, un trabajo de muchos años que no era la mejor opción para su lesión, una vida que quizás no lo hacía feliz… ¿Cómo dar la vuelta a todo esto? Primero intentar que mejorara su estado físico. Cuando uno se siente en forma, se puede reconducir todo de otra manera. Y lo mejor de él: las ganas, la fuerza, la constancia… y de golpe se entrega a su recuperación y compartimos opiniones y conversaciones sobre su vida, su trabajo… Le pierdo la pista: hace estiramientos, tratamiento con un compañero del centro… Y de repente, me lo encuentro por el centro y es otro! Me cuenta que se ha dado cuenta de muchas cosas, que decidió dejar el trabajo, ÉL era la prioridad, y que si él funcionaba, el resto funcionaría… y así ha sido. Tiene un nuevo trabajo que le gusta, con tiempo para él, ha rehecho su vida en todos los aspecto. Es un hombre con una lesión que no sufre y es FELIZ! Y realmente tiene otra cara, otro aire, irradia buen rollo, ilusionado con su proyecto de vida, consciente, reconciliado y solidarizado con su lesión crónica.

No os podéis imaginar qué agradecido puede ser mi trabajo, cuando ves una transformación de estas dimensiones. Y como me siento un poquito partícipe de este pequeño milagro, sólo os lo quería contar, por si a alguien le sirve de ayuda, o simplemente le hace pensar, ya habrá tenido sentido.

La verdad es que todo depende siempre de vosotros, yo sólo abro algunas puertas, sois vosotros los que las traspasáis. Gracias por dejarme formar parte de estos pequeños milagros, son los que dan sentido a todo.

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