¿Porqué no funciona un mismo tratamiento siempre?

No es fácil a veces entender el porqué no funciona un mismo tratamiento siempre. Muchas veces me he hecho estas preguntas:

  • ¿Cómo puede ser que no se encuentre mejor esta vez?.
  • ¿Porqué esta vez no ha funcionado el tratamiento?.
  • ¿Porqué trato a alguien y mejora de inmediato, y la misma persona en otro momento y circunstancia, con el mismo diagnóstico y síntoma, no responde igual?.
  • ¿Porqué trato a mujeres que intentan tener hijos y se quedan embarazadas pronto y otras tardan mucho, y hasta algunas no lo consiguen?.
  • ¿Porqué haciendo un mismo tratamiento un profesional no funciona igual que si lo hace otro al mismo paciente?.
  • ¿Porqué hay días que consigo y otros no consigo llegar donde quiero y puedo en un tejido?.

Es así. No somos un único diagnóstico. Somos un organismo complejo, al que no solo afecta una dolencia específica, sino que estamos inmersos en un caldo de cultivo de tiempo, experiencias, emociones; junto con nuestras circunstancias y encima vivimos en otro caldo: el del stress.

Las cosas que nos afectan, son por sí mismas iguales, pero cada uno las encaja, las sufre, las interpreta y las gestiona dentro de sus posibilidades. Por tanto es lógico que una misma dolencia no se manifieste igual en un ser humano que en otro.

Dicho esto, es obvio que una lesión se comportará de distinta manera en un individuo que en otro y, por supuesto, se percibirá por cada uno según su capacidad de gestión, de tolerancia y de sus circunstancias vitales. Y es evidente que, según la gravedad, podremos entender la clínica y sospechar un posible pronóstico. Pero en nuestro ámbito, la mayoría de veces 2+2 nunca son 4.

Pero con esta reflexión aplastante, no voy , ni quiero justificar todos mis fracasos ni mis éxitos. Solo intento hacer entender y bajo vuestro criterio, que entendáis lo que muchas veces sucede.

He pensado mucho en todo ello. Me gusta mi trabajo, me divierte lo que hago, me implico y a veces llego a pensar que no estoy a la altura de donde debiera estar. Me duele no siempre poder ayudar a quien me lo pide.

A veces no solo hace falta saber lo que se, para hacer bien mi trabajo. Para realizar un buen tratamiento se necesita una buena calidad de presencia, una específica y clara intención y por supuesto una gran atención. Y no siempre se pueden conjugar todas estas cosas. Somos humanos. Y no me estoy justificando, es una realidad absoluta.

Por tanto, el éxito de un tratamiento no solo depende de mis manos y del buen y acertado diagnóstico del paciente, que nos parece que es lo imprescindible. Hay muchos factores que influyen en un tratamiento profundo como el que hago.

Por parte del paciente, por ejemplo, ya hemos dicho que existen otros factores que pueden alterar el producto como: la carga de la vida que lleve cada uno, el historial clínico, su estado emocional, su actual circunstancia, la gestión por parte de su organismo del conjunto de sus dolencias, secuelas y lesión actual, el estress…

Y por parte del terapeuta: la presencia, la buena intención, la atención, la empatía, el saber, la experiencia, la paciencia, el cariño…

Por tanto no existen culpas, ni responsables ( dentro de unos parámetros claro), todo depende de muchísimos factores que debo intentar , no controlar, sino entender y prevenir, para decidir la mejor técnica, el mejor trato y la especial manera de basar mi tratamiento. Hasta las palabras son poderosas en una sesión.

Una vez, hace años, me dijo un paciente, que venia a verme una vez al año, que solo venir ya le hacía sentir mejor. Solo el hecho de hacer un repaso le inspiraba tal confianza que no necesitaba casi que lo tocara, aunque tuviéramos tiempo. A mi me hizo gracia y hasta cariño oírlo, y me lo tomé como un piropo y halago, pero ahora, lo entiendo, más allá de lo que dijo, entendiendo lo que quería decir.

Por tanto, dicho esto, ahora he aprendido a centrarme siempre en estar como debo, en ser objetiva y entregada, a pesar de mis circunstancias, con una máxima presencia, intención y atención, como aprendí de un osteópata y profesor, que me enseñó a entender y a aceptar mejor, sin miedo, mi manera de trabajar en mis orígenes a los que soy fiel. Trabajar como yo sentía , que era a contracorriente con lo que había aprendido en esos entonces.

Y con el tiempo, aunque a veces me cueste, he aceptado cuando las cosas no salen como todos quisiéramos. Porque existen muchos factores que influyen en el resultado, y solo debo estar atenta para comprender, aceptar y intentar, pese a todo , ayudar a quien me da permiso para entrar, influenciar y manipular su tejido. Siempre agradecida por ello, y con la honestidad de entregarme con lo mejor de mi, tanto a nivel profesional como personal.

Yo trato con la vida, solo por eso me exijo al máximo.

Gracias por dejarme trabajar y confiar en mi. Sin todos vosotros no habría llegado a entender mucho de lo que hoy entiendo cuando trabajo.

Un abrazo.

Clara Nebot - Osteópata y fisioterapeutaOsteópata y fisioterapeuta

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